No era la primera vez que le pasaba. Ya un par de veces antes se había dado cuenta. ¿Qué digo solo "un par"? Muchas otras veces ya había descubierto algo distinto en su mirada. Se despistó al no estar muy seguro de lo que exactamente era.
No podía decir que no había nada en su mirada. Le costaba aceptar que no pudiera haber algo en algo que siempre tiene algo. Me mareé. Quiero decir, él era de los que piensan que siempre hay algo en todo. Cómo los que miran el vaso medio lleno de la vida. Siempre hay agua, no es que no hay cierta cantidad de agua, hay y listo.
Eso le pasaba, él sabía que había algo en su mirada pero no estaba muy seguro de que se trataba. Lo presentía, si, pero dicen que "no hay peor ciego que el que no quiere ver" y tal vez si había algo raro en su mirada pero había cosas mucho más raras que simplemente sus ojos. Era una persona desconectada de él. Lo besaba sin pasión, lo acariciaba sin ternura. Era como si lo quisiera por compromiso. Era lo que había, más no podía hacer. Lo trataba como si lo quisiera por lo que había sido. Como si el amor se hubiese archivado, como quien guarda la ropa de invierno terminando la primavera. Se había guardado todo el amor que una vez pensó darle y no quería dárselo. Ya no más. Se lo había guardado para otra persona.
Era eso. Eso era. Su mirada ya no tenía amor. Él la miraba a los ojos y no podía ver más que sus ojos marrones perdidos, mirando para otro lado. Como alguien que no quiere ver lo que tiene enfrente porque ya no le gusta y hasta le genera rechazo.
Por fin se había dado cuenta de lo que había en su mirada. ¡Y estaba repleto de eso! Le desbordaba por los ojos, le salía de a "gotitas" por los poros como cuando uno camina bajo sol pleno en los primeros días de verano. También le había inundado el corazón, que se sentía ahogado cuando estaban cerca. Apenas soltaba por lo bajo un "te quiero" o un descolorido "te amo" y esas palabras se perdían en el ambiente sin hacer eco en los oídos de él.
Esos ojos que una vez estuvieron llenos de amor, seguían llenos. Pero en lugar de amor, ahora solo había vacío. Un vacío tan helado como los vientos polares del invierno. Y entonces, las miradas de ella lo fueron helando, lo congelaron y lo golpearon de lleno en el pecho. Un día el frío lo paralizo de repente y cuando la sangre en su cuerpo comenzó circular nuevamente, se pudo dar cuenta aquello estaba viendo hace rato. Entre ellos dos ya no había más nada que pasado.
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