Impaciente.
Así era como se sentía. Aturdido, como embriagado, casi podría decirse que
confundido. Lo abrumaban muchos sentimientos encontrados. Había
esperado tanto tiempo que se le había olvidado la cantidad de veces que su
corazón palpitaba cuando se acercaba a ella. La vio, luego de tanto tiempo, y
comenzó la cuenta que rápidamente se perdió cuando todos los números chocaron
en su cien por ese fuerte abrazo. Corto, pero muy sentido. Se miraban
de reojo, con pena, con ganas decirse cosas pero todo bajo un velo de
incomodidad y de inseguridad que no hacía más que esconder tras una capa
traslúcida los verdaderos sentimientos.
Un primer
acercamiento. Hubo un cruce de miradas y un contacto más cercano y un deseo que
quedó expreso en un papel. Él le escribió su amor cifrado en número. Era su
deseo, su intención de verla, que se veía escrita en forma de un posible
contacto telefónico. Algo pasó.
Si interpuso una inmensa y larga pared de distancia entre ellos. ¿Sería el
tiempo acaso? ¿Sería un sentimiento mal interpretado? ¿Sería que en realidad no
era lo que pensaban? Un frío ártico estaba helando su sangre aunque su corazón
seguía latiendo ante la más mínima señal de un posible acercamiento. Se oían
golpes como si algo quisiera salir. Le brotaban del pecho. Estaba pasando de
nuevo. Se habían visto y se había acercado. Él la sentía. Estaba vivo por
dentro.
Buscó el
mejor momento para que no quede muy evidente su necesidad y la
invitó a que se acercara a él. Era la posibilidad para que estuvieran juntos.
Eso que había querido y había quedado pospuesto hacía tanto tiempo. Estaban
juntos. Solo faltaba un lento acercamiento. Casi tímido fue buscando temas en
común, se ubicaron cerca y comenzó una danza que ya había bailado. Se tocaron.
Él buscaba sentir sus reacciones. Se acercó a ella, la tomó de los pies y los
apoyó en sus piernas para sentirla junto a él. Un tema
hacía de cortina musical, algunos comentarios sonaban de fondo pero se escucha
la música de la pasión que subía sus tonos a medida que los segundos seguían
transcurriendo.
Una excusa
fue el disparador perfecto para encontrarse totalmente solos. Aunque ya estaban
conectados necesitaban ganar un pequeño juego antes. Interiormente se comían
los labios, pero aún se esquivan las miradas de fuego. El calor del cuerpo del
otro se sentía como si fueses calefactores. Querían demostrarse que podían
resistir esa tentación. Tocaron
distintos temas que los mantuvieron lo suficientemente distraídos por unos
cuantos minutos, pero la mente de él se nubló. Se perdió en las razones, fluyó
con cada una de las gotas de su sangre que hervía. Tomó la iniciativa, se
acercó y como con una palada de brasas ardientes quiso encenderla acercándose
más y dejándose sentir.
Su mente ya
estaba unos pasos por delante de él, se vía abrazándola y besándola, aunque ahí
estaban los dos apenas enrollados en la cama para paliar un poco el frío. La pasión
quería hacer erupción sobre el cuerpo de su dionisia y sus palabras vencieron
la barrera polar que los separaba. Le hablo de lo difícil que era contenerse,
resistirse estando en ese momento y lugar. Sus propios nervios ya arañaban las
paredes luego de quedarse sin uñas para morder, y sus labios dieron un salto.
Cayeron cerca de los labios de ella como esperando una reacción pero ella se quedó
inmóvil aunque ya lo había
sentido. Un segundo impulso, con más envión ahora, lo hizo caer más cerca de su
boca y cuando estaba volviendo a su posición anterior respondiendo al efecto
natural del rebote, sintió la atracción de un poderoso imán. Como si el polo
norte estuviera magnetizando su brújula, sus labios se pegaron a los de ella.
Se besaron
frenéticamente. Las imágenes invadían el cuarto. Arco iris enormes brotaban de
las paredes, los estantes temblaban, las luces se perdían en una psicodélica
pasión de labios encarnados. Momento. Aire. Alejaron sus cabezas y se miraron
como quien aprecia una piedra preciosa en sus manos y se volvieron a fundir. Ya las
manos de él, agitaban el suave pelo de la muchacha que agradecía con húmedos
besos al joven y este recorría las curvas del cuerpo femenino con sus manos. Las
yemas de sus dedos trazaban líneas imaginarias le encendían el cuerpo. Los
besos llenaron de fuego la habitación y ya en un calor intenso, los cuerpos con ropas desarregladas, liberaron las prendas que fueron
decorando el suelo.
Una
alfombra de paños, que antes los vestían, era testigo ahora de un auténtico
frenesí. Los labios del joven ya habían dejado la boca de la morena mujer. Se
corrían lentamente por su mejilla y con la punta de su lengua bailaban juntos
en su oreja. El bello facial de él daba una sensación de cosquilleo que
enriquecía más la danza. El joven seguía su trayecto. Bajaba lentamente por su
cuello y lo recorría longitudinalmente humedeciendo las zonas que transitaba. Pecho
contra pecho, los morenos senos turgentes vibraban mientras unas manos viriles los
contenían. Ya prisioneros de sus dedos, la palma de la mano los presionaba exprimiendo la pasión y una caballería de apoyo con la bandera del habla caía en labios carnosos seguida de una formación de bellos que repiqueteaban por el
cuello. Se estaba librando una apasionada batalla. Un muchacho devoraba con bocanadas de
furor a joven muchacha y la respiración de ambos se hacía cada vez más intensa. Yemas de dedos rodearon y acariciaron el
pecho de la mujer y mientras la boca de él pasó el ecuador de su cuerpo y metió de
cabeza en el centro máximo de placer.
Un gemido
hizo eco en el cuarto y quedo retumbando en la mente de ambos aún hasta el día
de hoy. Labio contra labio. En encuentro vigoroso de partes uniéndose suavemente. Un vals dulce y eterno en donde los pares se fundían en un clima
cálido y febril. Hervían los cuerpos, las manos de ella se enredaban el cabello
del hombre que enloquecía antes sus placenteras torsiones. Él apenas levantaba su
mirada para ver los llanos fundidos con montañas y como un sol naciente la
sonrisa iluminada de ella le devolvía el aliento al muchacho para fundirse nuevamente en ella.
Así bailaron unos largos minutos hasta que la
muchacha vibró tan intensa como en un terremoto y explotó por dentro llevando a la
superficie toda la belleza que a él lo enamoraba.
excelente, me encantó!
ResponderEliminarDevolución de gentilezas.
ResponderEliminar¡Gracias!