lunes, 6 de enero de 2014

¡Que porquería!

- ¡Qué porquería! - dijo ofuscada y reflexiva a la vez.
Se acerca lo mira de cerca, se agacha para tomarlo entre sus brazos y con sumo cuidado y algo de desprecio lo alza.

- María, tené cuidado que es frágil - le advierte Marcos.

- ¿Para qué quiero yo otro corazón? Ya tengo uno y funciona a la perfección.-

María mira fijamente a Marcos desafiándolo. Estaba esperando una respuesta. Aún estaba enojada porque no había recibido ni el perfume, ni el anillo, ni el vestido, que ella pensaba, sería su regalo de cumpleaños.

- María, ese era un corazón de cristal. La verdad no me costó mucho. Hasta podría decirte que fue una ganga. Pero tenía un significado que te voy a explicar. Ese corazón era el mío. De cristal porque es frágil. Quería que te des cuenta que hace tiempo que me venís lastimando. Estas agresiva, me contestas mal, y me haces doler. Extraño la persona que eras antes. Que sonreía cuando me veía, me abrazaba con pasión y me besaba con amor. Por eso pensé en este regalo. Quería que lo cuides, y que lo trates con cariño para que no se rompa -.

María quedó sorprendida. No esperaba esa respuesta. Mira a Marcos por unas milésimas de segundos y baja la cabeza como no pudiendo soportar la vergüenza. Se acerca a él y le dice

- Pensándolo mejor. Es un lindo regalo. Y tiene un gran significado. Gracias -

Marcos está a punto de decir algo cuando se frena como arrepentido de lo que iba a decir.

- Sabés que María. Es feo lo que te voy a decir, pero no tengo otra forma. -

- Decilo igual -

- Ya es tarde. No te diste cuenta. Pero cuando despreciaste mi regalo sin tan solo escucharme o ver más allá de lo tu egoísmo, ese corazón de cristal que levantaste del piso se resquebrajó por todos lados. Y tu enojo, que por cierto te fue muy difícil ocultar, hizo que lo apretaras tan fuerte que ni siquiera te diste cuenta que se estaba haciendo polvo en tus manos. Ni lo miraste cuando finalmente decidiste quedártelo. De otra forma, no te hubieses quedado con ese polvo de cristal que desbordaba de tus manos y caía hacia la alfombra.

Marcos, toma saca sus llaves del bolsillo y deja un juego sobre la mesa del living. Abre apenas la puerta, gira sobre su eje y la mira.

- Mañana vengo a buscar mis cosas. Es lo mejor. -

viernes, 27 de diciembre de 2013

¡Yo soy la morsa!

Se corta la luz, ni queda agua en el tanque. Dicen que va a llover, pero el calor sigue. ¿Quién tiene pileta? ¡Cortemos todo, rompamos todo, prendamos todo fuego! Jodamos más a los vecinos que no tienen la culpa de si tener luz. ¡¡Es un servició básico!! Más calor, pico de presión. ¡Se me pasa el jamón con melón! Me duele la cabeza, la espalda por dormir en las baldosas y los bolsillos. ¿Cuántas cosas más de la heladera voy a tener que tirar? Mal humor, váyanse todos a cagar, pero con el balde porque si no tienen luz, no les funciona la bomba y no van a tener agua. Los empleados del camioncito de Edenor/Edesur no tienen la culpa déjenlos laburar porque magia no pueden hacer. En menos de un mes no hay más noticias, todos contentos, Edenor/Edesur seguirán ahí y la concha de su madre All Boys. Todo sigue igual. No sabemos hacer quilombo. Yo soy él y tú eres él y tú eres yo y todos somos a la vez. Mira cómo corren, como cerdos ante un rifle, mira cómo vuelan. Estoy llorando. Sentado en un copo de maíz, esperando que llegue la camioneta. Camiseta de la corporación, ¡maldito martes estúpido! Fuiste un chico malo, dejaste que se te ponga la cara larga. Yo soy el hombre huevo. Ellos son los hombres huevo. Yo soy la morsa.

lunes, 22 de julio de 2013

Antes de soñar

Estoy en la hora en que un día se apaga y el otro se enciende. Un velador bajo consumo ilumina con luz tenue mi habitación de tres por cuatro. Tengo cortinas de hierro sobre mi cara que me nublan la vista y por instantes quedo como un astronauta en el espacio descubriendo una nueva galaxia: el sueño.

En caída libre voy directo al infinito y mis brazos se estiran luchando por quedarme en el mundo consciente, estrujando las sábanas. Un sobresalto me deja con ojos de búho y el cuerpo tenso como una liebre capturada por el cuello por un elegante perro de caza.

El esfuerzo me agita y la tensión deja mi rostro como esas botellas salidas hace segundos del refrigerador en un día de verano.

Esta es otra guerra que no se puede evitar. El día contra la noche. Vivir o soñar. No quiero irme de este mundo. Pero la noche se me acerca vestida de moza y me ofrece una tentadora copa de abstracción, rebajada con un chorro de sentidos plenos, dos rodajas de incoherencia y una pizca de percepciones descartadas por mi conciencia.

Mi cuerpo se relaja cuando cubro la cama de punta a punta. Me tienta ese universo de fantasía concentrada y de pronto el miedo me cohíbe. Me da miedo no volver y no poder sentir otra vez. Pienso como sería no despertar jamás. Pienso que no quiero dormir, pero ya no me puedo despertar. Una sudestada de pensamientos contradictorios baña las costas de mi razón y salpica mis sentidos. Me lleva la marea como si fuera un barco de papel en el medio del océano

La tentación se me presentó y accedí a ella una vez más. Otra vez, me quedé dormido.

domingo, 21 de julio de 2013

Vibrar

Impaciente. Así era como se sentía. Aturdido, como embriagado, casi podría decirse que confundido. Lo abrumaban muchos sentimientos encontrados. Había esperado tanto tiempo que se le había olvidado la cantidad de veces que su corazón palpitaba cuando se acercaba a ella. La vio, luego de tanto tiempo, y comenzó la cuenta que rápidamente se perdió cuando todos los números chocaron en su cien por ese fuerte abrazo. Corto, pero muy sentido. Se miraban de reojo, con pena, con ganas decirse cosas pero todo bajo un velo de incomodidad y de inseguridad que no hacía más que esconder tras una capa traslúcida los verdaderos sentimientos.

Un primer acercamiento. Hubo un cruce de miradas y un contacto más cercano y un deseo que quedó expreso en un papel. Él le escribió su amor cifrado en número. Era su deseo, su intención de verla, que se veía escrita en forma de un posible contacto telefónico. Algo pasó. Si interpuso una inmensa y larga pared de distancia entre ellos. ¿Sería el tiempo acaso? ¿Sería un sentimiento mal interpretado? ¿Sería que en realidad no era lo que pensaban? Un frío ártico estaba helando su sangre aunque su corazón seguía latiendo ante la más mínima señal de un posible acercamiento. Se oían golpes como si algo quisiera salir. Le brotaban del pecho. Estaba pasando de nuevo. Se habían visto y se había acercado. Él la sentía. Estaba vivo por dentro.

Buscó el mejor momento para que no quede muy evidente su necesidad y la invitó a que se acercara a él. Era la posibilidad para que estuvieran juntos. Eso que había querido y había quedado pospuesto hacía tanto tiempo. Estaban juntos. Solo faltaba un lento acercamiento. Casi tímido fue buscando temas en común, se ubicaron cerca y comenzó una danza que ya había bailado. Se tocaron. Él buscaba sentir sus reacciones. Se acercó a ella, la tomó de los pies y los apoyó en sus piernas para sentirla junto a él. Un tema hacía de cortina musical, algunos comentarios sonaban de fondo pero se escucha la música de la pasión que subía sus tonos a medida que los segundos seguían transcurriendo.

Una excusa fue el disparador perfecto para encontrarse totalmente solos. Aunque ya estaban conectados necesitaban ganar un pequeño juego antes. Interiormente se comían los labios, pero aún se esquivan las miradas de fuego. El calor del cuerpo del otro se sentía como si fueses calefactores. Querían demostrarse que podían resistir esa tentación. Tocaron distintos temas que los mantuvieron lo suficientemente distraídos por unos cuantos minutos, pero la mente de él se nubló. Se perdió en las razones, fluyó con cada una de las gotas de su sangre que hervía. Tomó la iniciativa, se acercó y como con una palada de brasas ardientes quiso encenderla acercándose más y dejándose sentir.

Su mente ya estaba unos pasos por delante de él, se vía abrazándola y besándola, aunque ahí estaban los dos apenas enrollados en la cama para paliar un poco el frío. La pasión quería hacer erupción sobre el cuerpo de su dionisia y sus palabras vencieron la barrera polar que los separaba. Le hablo de lo difícil que era contenerse, resistirse estando en ese momento y lugar. Sus propios nervios ya arañaban las paredes luego de quedarse sin uñas para morder, y sus labios dieron un salto. Cayeron cerca de los labios de ella como esperando una reacción pero ella se quedó inmóvil aunque ya lo había sentido. Un segundo impulso, con más envión ahora, lo hizo caer más cerca de su boca y cuando estaba volviendo a su posición anterior respondiendo al efecto natural del rebote, sintió la atracción de un poderoso imán. Como si el polo norte estuviera magnetizando su brújula, sus labios se pegaron a los de ella.

Se besaron frenéticamente. Las imágenes invadían el cuarto. Arco iris enormes brotaban de las paredes, los estantes temblaban, las luces se perdían en una psicodélica pasión de labios encarnados. Momento. Aire. Alejaron sus cabezas y se miraron como quien aprecia una piedra preciosa en sus manos y se volvieron a fundir. Ya las manos de él, agitaban el suave pelo de la muchacha que agradecía con húmedos besos al joven y este recorría las curvas del cuerpo femenino con sus manos. Las yemas de sus dedos trazaban líneas imaginarias le encendían el cuerpo. Los besos llenaron de fuego la habitación y ya en un calor intenso, los cuerpos con ropas desarregladas, liberaron las prendas que fueron decorando el suelo.

Una alfombra de paños, que antes los vestían, era testigo ahora de un auténtico frenesí. Los labios del joven ya habían dejado la boca de la morena mujer. Se corrían lentamente por su mejilla y con la punta de su lengua bailaban juntos en su oreja. El bello facial de él daba una sensación de cosquilleo que enriquecía más la danza. El joven seguía su trayecto. Bajaba lentamente por su cuello y lo recorría longitudinalmente humedeciendo las zonas que transitaba. Pecho contra pecho, los morenos senos turgentes vibraban mientras unas manos viriles los contenían. Ya prisioneros de sus dedos, la palma de la mano los presionaba exprimiendo la pasión y una caballería de apoyo con la bandera del habla caía en labios carnosos seguida de una formación de bellos que repiqueteaban por el cuello. Se estaba librando una apasionada batalla. Un muchacho devoraba con bocanadas de furor a joven muchacha y la respiración de ambos se hacía cada vez más intensa. Yemas de dedos rodearon y acariciaron el pecho de la mujer y mientras la boca de él pasó el ecuador de su cuerpo y metió de cabeza en el centro máximo de placer. 

Un gemido hizo eco en el cuarto y quedo retumbando en la mente de ambos aún hasta el día de hoy. Labio contra labio. En encuentro vigoroso de partes uniéndose suavemente. Un vals dulce y eterno en donde los pares se fundían en un clima cálido y febril. Hervían los cuerpos, las manos de ella se enredaban el cabello del hombre que enloquecía antes sus placenteras torsiones. Él apenas levantaba su mirada para ver los llanos fundidos con montañas y como un sol naciente la sonrisa iluminada de ella le devolvía el aliento al muchacho para fundirse nuevamente en ella. 

Así bailaron unos largos minutos hasta que la muchacha vibró tan intensa como en un terremoto y explotó por dentro llevando a la superficie toda la belleza que a él lo enamoraba. 



Ojos vacíos llenos

No era la primera vez que le pasaba. Ya un par de veces antes se había dado cuenta. ¿Qué digo solo "un par"? Muchas otras veces ya había descubierto algo distinto en su mirada.  Se despistó al no estar muy seguro de lo que exactamente era.

No podía decir que no había nada en su mirada. Le costaba aceptar que no pudiera haber algo en algo que siempre tiene algo. Me mareé. Quiero decir, él era de los que piensan que siempre hay algo en todo. Cómo los que miran el vaso medio lleno de la vida. Siempre hay agua, no es que no hay cierta cantidad de agua, hay y listo.

Eso le pasaba, él sabía que había algo en su mirada pero no estaba muy seguro de que se trataba. Lo presentía, si, pero dicen que "no hay peor ciego que el que no quiere ver" y tal vez si había algo raro en su mirada pero había cosas mucho más raras que simplemente sus ojos. Era una persona desconectada de él. Lo besaba sin pasión, lo acariciaba sin ternura. Era como si lo quisiera por compromiso. Era lo que había, más no podía hacer. Lo trataba como si lo quisiera por lo que había sido. Como si el amor se hubiese archivado, como quien guarda la ropa de invierno terminando la primavera. Se había guardado todo el amor que una vez pensó darle y no quería dárselo. Ya no más. Se lo había guardado para otra persona.

Era eso. Eso era. Su mirada ya no tenía amor. Él la miraba a los ojos y no podía ver más que sus ojos marrones perdidos, mirando para otro lado. Como alguien que no quiere ver lo que tiene enfrente porque ya no le gusta y hasta le genera rechazo.

Por fin se había dado cuenta de lo que había en su mirada. ¡Y estaba repleto de eso! Le desbordaba por los ojos, le salía de a "gotitas" por los poros como cuando uno camina bajo sol pleno en los primeros días de verano. También le había inundado el corazón, que se sentía ahogado cuando estaban cerca. Apenas soltaba por lo bajo un "te quiero" o un descolorido "te amo" y esas palabras se perdían en el ambiente sin hacer eco en los oídos de él.

Esos ojos que una vez estuvieron llenos de amor, seguían llenos. Pero en lugar de amor, ahora solo había vacío. Un vacío tan helado como los vientos polares del invierno. Y entonces, las miradas de ella lo fueron helando, lo congelaron y lo golpearon de lleno en el pecho. Un día el frío lo paralizo de repente y cuando la sangre en su cuerpo comenzó circular nuevamente, se pudo dar cuenta aquello estaba viendo hace rato. Entre ellos dos ya no había más nada que pasado.

domingo, 18 de marzo de 2012

Noche de Sol

En un rutina constante, todos los días son la misma cosa. Todo el mismo recorrido, el mismo colectivo, el mismo trabajo, la misma facultad, la misma vuelta a la casa, las mismas canciones escuchadas en el mp3.

Una aburrida repetición de hechos y acontecimientos que le sacan lo rico a la vida. Tan feo como un bocado de lechuga sin sal ni aceite.

La cabeza se acostumbra a responder de una misma forma. Reacciona y responde a conductas que se definen como únicas.

No se puede apreciar el día a día. No se puede abrir la cabeza. No se puede LEVANTAR la cabeza. Y así fue. Nadie se dio cuenta.

Lo novedoso del día fue que la luna salió de día y el sol salió de noche.


lunes, 18 de abril de 2011

Al que madruga, la luna lo saluda.

Escucho la radio, creo. Estoy soñando o semidespierto? Es Pettinato hablando, si estoy casi despierto, boca abajo, apenas levanto la vista el reloj. 6:13 am. El despertador sonó, seguramente lo apagué sin darme cuenta, pero por algún motivo me desperté.

Levanto apenas la vista y de frente tengo una pared blanca iluminada con una luz más blanca y brillante. De dónde se supone que sale eso? Giro sobre mí, de adentro hacia afuera y a mi derecha. Quedo mirando el techo y doblando la cabeza unos 45° hacia la izquierda veo una bola blanca brillante.

Me levanto al instante sin entender lo que era realmente. Me acerco lo más físicamente posible hacia la ventana y con la cara apoyada en el vidrio, caigo en la cuenta que eso no es ninguna luz. Es LA LUNA!!!

Por dios! Que inmensidad, que belleza, que elegancia, que fuerza en su luz. Doy 3 pasos para atrás caminando de espaldas y me tiro en la cama nuevamente. Mirando hacia arriba y con la cabeza apuntando hacia la ventana.

Me quedo recostado dejando llenar de luz de luna en la madrugada... que raro. Es como si fuera un panel solar, pero "lunar". Tirado panza arriba me lleno de energía de luna y así me quedo unos largos minutos.

Suena la segunda alarma, hora de ir a bañarse. Me levanto, y entrando al baño, de la radio ya está sonando floyd de fondo. Algo más? Si, claro. Al mediodía estoy en el colegio.