En un rutina constante, todos los días son la misma cosa. Todo el mismo recorrido, el mismo colectivo, el mismo trabajo, la misma facultad, la misma vuelta a la casa, las mismas canciones escuchadas en el mp3.
Una aburrida repetición de hechos y acontecimientos que le sacan lo rico a la vida. Tan feo como un bocado de lechuga sin sal ni aceite.
La cabeza se acostumbra a responder de una misma forma. Reacciona y responde a conductas que se definen como únicas.
No se puede apreciar el día a día. No se puede abrir la cabeza. No se puede LEVANTAR la cabeza. Y así fue. Nadie se dio cuenta.
Lo novedoso del día fue que la luna salió de día y el sol salió de noche.
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